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Me encuentro en un céntrico café
de Vilafranca (una de las cuatro posibles capitales de la espero
que futura Vegueria Penedès) con el abogado Dídac
Gallego, que es un hombre constato de palabra certera e ideas
claras. Quería que me explicara al dedillo la reivindicación
de una veguería propia para el Penedès y que me pusiera
al día sobre el estado de la cuestión.
Fundada en mayo de 2005, la asociación Per una vegueria pròpia
(hoy, Vegueria Penedès; www.vegueriapropia.org) defiende
la agrupación, en la futura división territorial del país,
de los dos Penedès, el Garraf y lAnoia. Por de pronto, abona
su petición la misma fisonomía del paisaje
(paisaje es una palabra que un agricultor de pura cepa jamás
emplearía). Unos usos de la tierra muy parecidos, idénticos
cultivos, una estructura económica e industrial también
similar. Al frente de dicha asociación, personas de ideología
muy variopinta, mayormente progresistas, y de ámbitos profesionales
y asociativos también muy diversos.
La asociación está librando una batalla ideológica
sin parangón, y la mayoría de opciones políticas
de las autodenominadas progresistas y hasta las consideradas conservadoras
han terminado por apoyarles. Paradójicamente, sólo una parte
del PSC y otra de ICV no están de acuerdo con la reivindicación
que, por otro lado, ya lleva colectadas más de 10.000 firmas
de apoyo, cuenta con el espaldarazo de 43 ayuntamientos y de 3 Consells
Comarcals y con el aliento de 300 asociaciones y empresas. ¿Por
qué algunos socialistas y ecosocialistas nos quieren meter en la
cola metropolitana en vez de defender una entidad propia que sin duda
acercaría acercará los servicios al ciudadano
y velaría velará por una mayor calidad de vida
y por una identificación también mayor con su entorno natural
y urbano? La respuesta imagino está en la evolución
histórica de ese proteico partido que es el PSC (así como
en la deriva reciente de los chicos de
Saura): ¿dónde pueden cosechar más votos y dónde
suponen que podría darse una hipotética fuga mayor? Razones
para defender la Vegueria Penedès las hay a montones: la identidad
geográfica; la defensa del territorio (un mayor prurito de control
para que el polígono no termine por zamparse totalmente la viña);
la misma personalidad histórica (el Penedès contó
con la veguería de Vilafranca de 1304 a 1716. Con la nueva veguería
se corregiría la fragmentación provincial impuesta por el
Estado desde 1833 y remachada por Franco que, por cierto, nada tenía
de socialista); la unidad
económica y social; la descentralización (mejor distribución
de los servicios sanitarios, administrativos, etc.), el bienestar y la
sociabilidad (cuestiones de vigilancia ecológica, entre muchas
otras). Hay más, pero no quiero
apabullar al lector. Todas, razones de peso y de
cariz eminentemente progresista. Difícil creer que haya quien pueda
oponer alguna argumentación que no se limite al puro electoralismo.
En esa alma (doble, triple o cuádruple) del PSC ya se han abierto
algunas heridas al respecto. Y al doctor Montilla, la verdad, no le veo
yo
restañando esas llagas. Gallego es nacido en el mismo centro de
Vilafranca. Como Fèlix Simon, el
portavoz de Vegueria Penedès. Me digo que la conciencia de unos
cambios execrables, en el centro de la ciudad pero también en el
entorno penedesense, debe de ser un poderoso acicate para tomar conciencia
sobre la necesidad de acercar la administración al ciudadano y
de conservar el
espíritu de un país. Yo voté por la Vegueria Penedès
hace ya muchos meses. Admiro la proyección que está teniendo
su noble empeño, su voluntad pedagógica, su presencia en
todo tipo de actos culturales y sociales, la ingente inversión
de horas y esfuerzo. No me cabe la menor
duda de que, como la fruta al punto de sazón, vamos a lograr nuestros
objetivos. Caerán por su propio peso que es un peso moral
y ético incontrovertible.
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